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La era romántica en el Museo del Prado

Paraninfo de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Santiago de Compostela.

 

La Fundación Barrié presentó una nueva edición del ciclo de conferencias que celebra desde 1999 en colaboración con la Fundación Amigos del Museo del Prado y que en su programación 2011-2012 relacionó estrechamente el arte romántico realizado dentro y fuera de España y profundizó en todos los debates estéticos, artísticos, culturales y sociales que surgieron durante la feraz e intensa era romántica. En esta edición, no solamente las dos sedes de la Fundación, en A Coruña y Vigo, acogieron las conferencias, puesto que por primera vez, dos de las ponencias se impartieron en el Paraninfo de Geografía e Historia de la Universidad de Santiago de Compostela.

Introducción de Francisco Calvo Serraller, director del Ciclo

Abierto al público en 1819, se puede afirmar que el Museo del Prado no es sólo en sí un producto romántico, sino que el esplendor de la Escuela Española, cobijada en dicha institución y, antes de fundación de ésta, apenas conocida y valorada allende nuestras fronteras, fue asimismo un descubrimiento aireado por los románticos europeos. En esta misma línea, es significativo que dos de los directores más ilustres que rigieron el destino del Museo del Prado durante el siglo XIX, los pintores José de Madrazo y Agudo y su hijo Federico de Madrazo y Kuntz, fueran respectivamente discípulos de Jacques-Louis David y de Ingres. Tampoco se puede obviar que el, sin duda, más influyente pintor español de nuestra época, Francisco de Goya, fallecido nueve años después de inaugurarse el Museo del Prado, mostrase su obra en esta institución desde su origen. 

Estos son algunos datos de gran calibre, entre otros muchos, que acreditan la relación del romanticismo y el Museo del Prado, en cuya colección se exhibe lo más granado de la pintura y la escultura producidas en nuestro país durante este trascendental periodo. Aunque todos estos asuntos serán convenientemente tratados en el curso dedicado a la era romántica, la pretensión del mismo desborda el estrecho caudal localista con el que tradicionalmente se ha abordado este tema, como si fuera cierto que pudiera separarse el arte español del internacional en esta revolucionaria época. Nuestro designio ha sido, por el contrario, no sólo relacionar estrechamente el arte romántico realizado dentro y fuera de España, sino profundizar en todos los debates estéticos, artísticos, culturales y sociales que surgieron durante la feraz e intensa era romántica, contando para ello con la colaboración de los mejores especialistas de todo el mundo en dichas materias. 


1 Marzo

El viaje de invierno del romanticismo musical

JUAN ÁNGEL VELA DEL CAMPO       

Ensayista de temas musicales

20.00 h. Paraninfo de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Santiago de Compostela

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Mariano Fortuny Marsal, Fantasía sobre Fausto (detalle)

© Museo Nacional del Prado

 

Ingeniero Superior de Telecomunicaciones por la Universidad Politécnica de Madrid, escribe en el diario El País como crítico y ensayista de temas musicales desde 1987 y es el único español que ha recibido el Premio Internacional de la Crítica en Música y Teatro del Fondo de Cultura de Salzburgo. En la actualidad, es director cultural del proyecto Tutti Verdi de la ABAO de Bilbao, consultor de la Escuela de Altos Estudios Musicales de Galicia y miembro del Consejo Vasco de Cultura y de la Junta Directiva del Círculo de Bellas Artes de Madrid. Ha sido director ejecutivo del programa Ópera Digital del Teatro Liceo de Barcelona y ha coordinado la sección de música de los Encuentros Mundiales de las Artes de Valencia, los Diálogos de Cultura de cambio de siglo del Festival Milenium de Santiago de Compostela y las Jornadas Internacionales de Ópera Barroca durante la capitalidad cultural europea de Salamanca.

Resumen de la conferencia

El siglo XIX tiene unas motivaciones musicales difícilmente repetibles. Los planteamientos de Beethoven y Mahler sitúan las estéticas de cambio de siglo. Son un precedente y una conclusión provisional. No es cuestión únicamente de retos sinfónicos. El XIX es el siglo del lied, la canción con acompañamiento de piano, que invita al encuentro con la poesía y hasta con una concepción soñadora de la pintura. Ciclos como Viaje de invierno, de Schubert, son representativos de la mirada romántica. Como lo es también una ópera como Tristán e Isolda, un paseo por el amor y la muerte que abre horizontes filosóficos y vitales.  

 

8 Marzo       

Goya hacia el romanticismo

MANUELA B. MENA MARQUÉS

Jefe de Departamento de Pintura del siglo XVIII y Goya, Museo del Prado, Madrid

20.00 h. Paraninfo de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Santiago de Compostela

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Francisco deGoya y Lucientes, Vuelo de brujas (detalle)

© Museo Nacional del Prado

 

Jefe del Departamento de Conservación de Pintura Española del siglo XVIII y Goya del Museo del Prado, ha sido conservadora de dibujos y estampas, y subdirectora de las áreas de conservación, investigación y restauración de esta misma institución entre 1981 y 1996. Es vocal de la Junta de Calificación, Valoración y Exportación de Obras de Interés Histórico del Ministerio de Cultura y vocal del Cuerpo de Facultativo de Conservadores de Museos del Real Patronato del Museo del Prado, además de miembro del I.C.O.M., miembro del Comité Científico del Museo Goya de Castres (Francia) desde 1981 y miembro de honor de la Hispanic Society de Nueva York. Posee diversas condecoraciones y galardones entre las que se encuentra la Medalla de Plata al Mérito a las Bellas Artes del Ministerio de Cultura.

Resumen de la conferencia

La historiografía en torno a Goya quiso verle como el origen de numerosos movimientos artísticos posteriores, desde el Impresionismo hasta tendencias de mediados del siglo XX, subrayando así su modernidad. Sin embargo, su cercanía al romanticismo - que Goya vio en directo en el Salon de París de 1824, donde se expuso la Matanza de Chíos de Delacroix-  no ha sido convenientemente analizada. Aún joven, en obras como El agarrotado, están los gérmenes de una nueva sensibilidad definida como romántica. Goya, que pasó de puntillas sobre el Neoclasicismo, rozó claramente los presupuestos del romanticismo en algunos retratos de principios del siglo XIX, en las escenas de la guerra y en cuadros de gabinete desgarradores en los que describió la locura, el amor y la muerte.