Ante los retos que nos plantea la crisis en la que nos encontramos, Compañeros de oficio –cordial denominación dada por Le Corbusier a los viejos artesanos de la construcción– pretende analizar y promover la reflexión sobre la influencia de la arquitectura popular en la obra de un grupo selecto de arquitectos contemporáneos, del pasado y actuales, que, entre otras diferentes fuentes de formación, han tratado de recuperar las racionales enseñanzas de las construcciones tradicionales como base conceptual de sus actuales propuestas.

Teitadores. Fotografía de Juan Rodríguez
Hace más de un siglo que algunos de ellos plantearon la necesidad de definir una arquitectura austera, limpia y sincera que, haciendo frente a las necesidades surgidas con la revolución industrial, sirviese para relacionar adecuadamente al hombre con sus necesidades y su entorno. Entonces la arquitectura todavía se limitaba a conservadoras corrientes culturales como el historicismo o el regionalismo. El mundo, sin embargo, empezaba a sufrir inéditos cambios continuados a lo largo de la primera mitad del siglo XX. Quienes dieron una respuesta más adecuada a aquella situación fueron los arquitectos de quien se ocupa esta publicación: ellos definieron propuestas precisas tan revolucionarias e innovadoras como atentas y deudoras de las coherentes leyes constructivas de la arquitectura vernácula, una arquitectura sin arquitectos basada en sencillas reglas, transmitidas a través de generaciones, siempre respetuosa con las condiciones de su entorno geográfico y los materiales que la rodeaban.
Dijo Le Corbusier: “No se trata de resucitar viejos folclores sin ningún valor en la actualidad, ni viejos oficios superados por la técnica moderna, sino de avivar el ingenio ensanchando la imaginación y descubriendo el futuro en un pasado maravilloso”.

Eduardo Souto de Moura. Casa en Arrabida, 1994-2002. © Luis Ferreira Alves
La idea no era imitar formalmente la arquitectura vernácula, sino aprender de ella, observarla y estudiar sus inteligentes y elementales soluciones, para crear propuestas de futuro renovadoras y originales. El conocimiento de sus espacios y tradiciones constructivas fue una más entre las palancas de fuerza utilizadas en la revolución arquitectónica contemporánea llevada a cabo por autores como el propio Le Corbusier, Frank Lloyd Wright o Mies van der Rohe y críticos seguidores de sus propuestas como Alvar Aalto, Louis Kahn, Álvaro Siza o Balkrishina V. Doshi.
Ahora, en un periodo preocupante e impredecible como el que estamos atravesando, Compañeros de oficio tan solo pretende plantear una pregunta: ¿por qué, si hace muchos siglos el hombre supo relacionarse con su entorno, si, con los más elementales medios, supo usar la madera o la piedra que tenía a su alcance, ahora se dedica a malversar su maltrecha economía en tecnologías innecesarias y delirios iconográficos.

Compañeros de oficio aporta, simplemente, un posible soporte más con el que ayudar a concebir una nueva arquitectura que se ajuste a nuestras auténticas necesidades. Como ocurrió con el inicio del pasado siglo, en unas circunstancias como las actuales resulta preciso redefinir nuestros espacios vitales y para ello podría sernos de utilidad reflexionar sobre las intemporales enseñanzas de la arquitectura sin arquitectos. Sus anónimos autores pueden darnos sólidas claves para construir con menos gasto, para reducir el impacto ambiental y para saber usar con cordura las versátiles opciones que nos ofrece la vigente tecnología.
Eso hacen hoy algunos de los grandes arquitectos de nuestro tiempo: Peter Zumthor, Glenn Murcutt, Eduardo Souto de Moura, Kazuyo Sejima, Ryue Nishizawa… Su obra nos muestra que, frente a la frivolidad y el eclecticismo que afecta a buena parte de la cultura, aún podemos buscar cauces que nos concilien con nuestro medio por medio de una arquitectura crítica y juiciosa que nos aporte más calidad de vida sin necesidad de derroches. Cauces arquitectónicos creativos y heterogéneos que, desde la sensibilidad social y poética de cada autor, nos hagan sentir, de nuevo, parte de nuestro paisaje.